Mariana Arroyo es una amante de las joyas desde pequeña. Las joyas de su madre y de su abuela eran sus juguetes preferidos, y su sueño era coleccionar piedras preciosas.
Esa fascinación se convirtió en un pasatiempo durante su adolescencia, cuando hacía collares con piedras, conchas y cuero para venderlos a las amigas de su familia.
Mariana pasaba horas y horas jugando a ser orfebre, y muy pronto ese empeño la obsesionó con la búsqueda de un estilo propio: se dedicó a inventar sus propias joyas.
